Camino de Santiago

¿Meta?

¿Que es una meta? ¿Que se supone que se tiene que sentir al llegar? ¿Tiene que ser como… al fiin!!? O, como cuando te estás leyendo un libro muy interesante, que no lo quieres acabar? O… ¿que?

Se terminaron las flechas

Bueno, para seguir con esta entrada tengo que decir que, a los 10min de publicar la entrada anterior, el hombre del restaurante donde me paré subió a su casa y me bajó un secador de pelo (para secarme yo en general), me reencontré con Ralph, con el que prácticamente ya me había despedido y aflojó la lluvia, así qué continuamos.

Ralph con muletas y es que… eso sí que es fuerza de voluntad!! Andamos y seguimos y seguimos… en un momento decidimos pararnos en un café, y justo al entrar, el cielo se giró!! Lo que llovió en los próximos 10min no tiene nombre. Aflojó y seguimos.

Imagen repetida durante el día

Al pobre Sebas nos lo encontramos más adelante, chorreando y cabreado con el mundo. Y nosotros tan tranquilos filosofando de la vida.

Ya seguimos los tres y tanto los ánimos como el tiempo se calmó…

Durante el último pueblo que pasaríamos antes de Santiago

Entonces es cuando empezamos a filosofear, pensar, hablar… A ser conscientes.

Los 3 empezamos en Lisboa, pero por una cosa u otra ninguno andó desde allí. Igual fue un camino más que… interesante?

Aprendimos más de lo que esperábamos; del camino, de la gente de la que nos rodeamos pero… también de nosotros mismos.

Tanta gente que hemos conocido, historias, experiencias… ninguna se parece a la otra, a la vez que todos nos encontramos en el  mismo lugar. Así que sí tenemos algo en común.

Hay gente que huye, otros buscan…

En fin, nos encontrábamos a tan solo 6km de distancia del objetivo; la Catedral de Santiago de Compostela. Casi 1 mes más tarde. Allí nos entraron como nervios. Entramos por las calles casi corriendo. En la ciudad la señalización era inexistente pero al final allí nos encontramos, enfrente de la catedral.

Justo al entrar a la plaza nos REencontramos con unas compis holandesas

Y bueno… a ver, todo bien.

Pero no se me paró el corazón cuando la vi – como en Machu Picchu – ni me impresionó – como cuando cruzaba el puente de Eiffel al entrar en Porto -, simplemente estaba allí.

Ahí nos separamos y me fui a un hostel. Demasiado cansancio acumulado, emociones, expectativas…

Mi plan para el resto del día

Al día siguiente si… ya la cosa cambió!!

Solo tengo que decir que las primeras impresiones no son las que cuentan..

El día siguió de tapeo, vinos, recados y un bus hacia Finisterre, donde ahora mismo me encuentro. Aunque esto se merece una entrada aparte, así que solo dejo un par de fotos y escribo otro día.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *